La propuesta escénica de Jardín de Pulpos, inicia en el encuentro con la historia de cada uno, desde el espectador hasta los actores, para así, transitar por un espacio que constantemente se ve transformado, ya por el discurso, ya por las imágenes, ya por la protesta que si bien existe, también busca crear una redención en el mejor sentido, busca colocar una mirada hacia el lugar al que pocos se atreven a llegar, al amor.
Jardín de Pulpos, comienza en un edificio viejo y evidentemente lastimado por el deterioro, pero que nos acoge para contarnos su propia historia y generar en el discurso un detonante sensorial, pues, a través de la escena, el espectador es capaz de percibir distintos estímulos al avanzar la obra; y a su vez le permite buscar otros escondidos que esperan pacientemente a ser invitados, ya que al eliminar la cuarta pared y las limitaciones de las butacas, el espectador libre en el espacio, (pues se anula automáticamente el escenario) es capaz de decidir su movilidad ante una propuesta rica en elementos visuales y sonoros. Además al no existir elementos fundamentalmente teatrales como iluminación, ni escenografía como es concebida con naturalidad, apostamos a un viaje onírico rico en estímulos que potencializan la escena.
En cuanto a los actores, se elimino la distancia, para aumentar la intimidad con el ente expectante, pues en un cupo limitado, y con los ejecutantes literalmente al alcance de la mano, el espectador pierde su anonimato y se convierte en un ser escénico más, que bien en algunas ocasiones, apoyará el trabajo escénico y aurático.


